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Isabel Retamoso: Frágil

mamá me dice que soy frágil, que se me hace difícil soportar estas cosas. me gustaría contradecirla, quitarle la verdad de la boca y demostrarle que por una vez en la vida está errada, pero tengo el cuerpo deshilachado de la angustia y los labios hundidos por el peso del dolor. y me sé frágil, acurrucada en el borde del colchón como un perro malherido, con la mezclilla de la ansiedad repicándome en la frente. arbusto anémico, no hago más que dibujar mi desgracia con la lengua. a veces siento que la sangre me baja tanto que podría reventarme los dedos de los pies. será una tristeza gangrenosa. una tristeza trabajadora, de abdomen agujereado y dientes rotos. tristeza venida de afuera, vergüenza pegajosa; desearía poder liberar mi garganta sofocada. mamá me dice que soy muy frágil. no sé dónde es que está el alivio. mi ombligo se extiende y lo abraza todo. embolsa mi universo entre sus pliegues, y yo, que encontré la calma en la posición fetal, le hundo la nariz hasta perderme entera dentro.

Francisco Álvez Francese: Adéu

Eras el eco alegre en el patio gótico
el agua que baja la montaña
un rojo apenas apagado contra la pared del templo.
Eras la plaza de elásticas palmeras
un clamor discreto de paseos y avenidas,
la casa de animales, el bosque techado,
el secreto de las calles angostas
olor a chocolate y libros,
la rosa del amanecer y el dragón nocturno

pero yo bebí la luz opaca
de tu herida, que es fuego en la boca,
voz de cárcel, la puerta cerrada a todo momento a los que miran,
los ojos siempre fijos en la manecilla
anhelando verla aparecer,
apretando papeles, órdenes, en los puños.

*

El que espera conoce las puertas,
cada nombre, número, el lugar que corresponde a las cosas,
el color de la tinta, el sonido que hace una tijera cuando corta, una hoja cuando cae,
el espacio entre el suelo y el lado inferior de la silla
la temperatura de las baldosas,
la respiración apagada de las polillas, la intensidad de la luz de cada habitación, la densidad exacta del agua,
el tiempo que se demora en abrir bien la ventana y el que demoran las piernas que van y vienen por el corredor, crujientes de papeles.

Y ahora estás, caja absurda,
con tus trancas por fin expuestas como la prisión que siempre supiste ser,
como las delicadas piezas de tortura
hechas para cerrarse.

Carolina Silva Rodé: Cringe

los pies del zorro cimentados en desprecio

se aleja su presa
se acercan los pasos de sus captores

se cierne sobre ambos la putrefacción
de los muertos de los
otros zorros que tampoco pudieron 
sacar las patas de la espesura de la
densísima opresión 
como barro en las almohadillas

muerde el zorro sus huesos flacos
la sangre es aguda y se escapa y se mezcla
con el barro mientras mastica
lo que queda de su rodilla
el dolor es despreciable
el olor 
gime sobre los aullidos

me iré 
arrastrando los muñones o
me quedaré a morir

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